PARA ESCRIBIR UNA AUTOBIOGRAFÍA

25 de may. de 2007

-Particularizar la evolución personal y espiritual mediante el método fenomenológico y sus diversas etapas.

-No basta con un yo subjetivo o meramente psicológico; hay que ir más allá de Descartes y de cualquier forma de «desdoblamiento»: además de la conciencia separativa está la unitiva; por eso toda autobiografía espiritual ha de ser «religante», religiosa, si no queremos fragmentar o «diabolizar» la existencia; lo contrario desembocaría en «esquizofrenia» o en cualquier tipo de división de la personalidad.

-Por eso la descripción de hechos sin epojé, es decir, al margen de la actitud fenomenológica (que incluye distanciamiento a la vez que abolición de la distancia) conduciría a una visión alienante del propio ser y del mundo.

-Sólo así podremos alcanzar una integración de la multiplicidad sin fin de los hechos. Hay que desprender en cada época el precipitado de conciencia concomitante. Esto es indispensable si queremos reflejar el progreso espiritual de una persona. La conciencia de conciencia viene a abolir la distancia entre conciencia y mundo. ¿De qué manera? No al modo de una disolución del mundo en la inmanencia de la conciencia, sino de una comprensión de la interacción conciencia-mundo.

-Evidentemente, no se puede hablar de «creación del mundo» al modo divino. Y es que solo por la fe, la esperanza y la caridad podemos «crear», en la medida en que nos transformamos en Dios por la gracia; sólo de esta manera cabe llevar a sus últimas consecuencias el quehacer fenomenológico. Por eso una autobiografía espiritual sólo adquiere pleno sentido «sub specie aeternitatis», de la «eternidad participada», claro está.(Sobre el tema resultará útil consultar el archivo «EMERGENCIA DEL YO TRASCENDENTAL Y EXPERIENCIA DE LA FE»).

COMENTARIOS:

3 de jul. de 2007

Gracias a adaminaedith por su acogida. Es un estímulo para seguir escribiendo.


adaminaedith

2 de jul. de 2007

Me agradará tener constante información sobre sus diversas actividades, me ha parecido sumamente interesante lo que veo en esta mi primera visita y deseo verdaderamente poder empezar a estar en contacto con ustedes.

Que tengan un bonito día.

Gracias,

30 de may. de 2007

Manuel, creo que no se pueden decir las cosas con más profundidad y concisión de como lo has hecho. Me vienen a la memoria las palabras de Jean-Paul Sartre en el lecho de muerte: «Me siento no como una mota de polvo que ha aparecido en el mundo, sino como un ser esperado, provocado, prefigurado. En resumen, como un ser que no parece poder provenir más que de un Creador, y esta idea de una mano creadora que me habría creado, me remite a Dios». La cita aparece en el opúsculo de Jean-Gaston Bardet «Ishraël connais ton Dieu par l´informatique hébraïque», Paris, 1982, Éditions de la Maisnie, p. 219. Por desgracia, no la encontrarás en las biografías oficiales de Sartre. ¡A sus seguidores y epígonos se les caería el «tenderete»!


30 de may. de 2007

José Luis, las preguntas que planteas abren muchos horizontes. La comparación de lo que debe ser una autobiografía con la visión de la historia de la salvación tal como aparece en la Biblia resulta muy pertinente. Nos recuerda aquel viejo proverbio: «Lee la Biblia como si hubiera sido escrita para ti». Es tarea vana pretender escribir una biografía o una autobiografía al margen de la cuestión de su Sentido. Así es que todo lo que no sea tomar como modelo las «Confesiones» o «La Ciudad de Dios» de san Agustín se queda en nada. Naturalmente, no es que cualquier escritor de biografías haya de estar a la altura literaria de un maestro (también en retórica) como el obispo de Hipona; pero sí ha de ser consciente de la perspectiva adecuada para afrontar el asunto de la existencia humana. ¡Me temo que si cada autor de biografías supiese esto, los estantes de las librerías que tratan de ese género literario se quedarían casi vacíos!


Manuel Zamora González

29 de may. de 2007

Es decir, un ateo podrá haber vivido, si; pero escribir sus recuerdos no. So pena de mentir, aunque sea inconscientemente. Paz y bien.


José Luís Samper Martínez

25 de may. de 2007

¿Podría decirse que una autobiografía es una visión de lo acontecido en una vida desde Dios? ¿Y qué eso es posible si, mediante la oración, se entra en diálogo con EL? ¿No es acaso también la Biblia una visión de la historia desde Dios, lo que la hace una historia de salvación? ¿Cómo entender o entenderse una vida sin descubrir su sentido? ¿Y cómo descubrir su sentido sin verla desde algo más grande que ella misma?




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