NOTAS AUTOBIOGRÁFICAS SOBRE LA DIVINA PRESENCIA (II)

28 de abr. de 2007


-La adoración de la Eucaristía en silencio; poco diálogo con el Señor, más bien contemplación, aunque casi nunca con «suspensión de las potencias». Épocas de no escasa duración en las que Dios pone a prueba mi entendimiento, memoria y voluntad, dándome a entender el poco interés que tienen sus objetos cuando Él quiere insinuarme otra cosa.

-La presencia frecuente de Dios, sin fenómenos visibles.

-Sensaciones de trascendencia, de un Juez ante el que se desarrollan mis acciones, como si se tratase de una anticipación del Juicio Universal.

-La grandeza del silencio. El silencio de la naturaleza y la majestad del cielo estrellado (me viene a la memoria el pasaje de Kant en el que habla de «los dos espectáculos que sobrecogen su ánimo: la bóveda estrellada y la ley moral impresa en la conciencia»).

-La evocación de un ambiente angélico en relación con ciertos acontecimientos.

-Las «atmósferas» excepcionalmente poderosas de algunos templos (podría referirme a la Basílica de la Virgen de las Angustias, en Granada y con ocasión de la fiesta de la Exaltación de la Cruz, el 14 de septiembre de 1984. Otras personas me hablaron de la especial presencia de la Virgen allí con motivo de sus fiestas).

-La particular presencia de Dios y de la Virgen con ocasión de acontecimientos mundiales, como la «caída del Muro».

-El encadenamiento providencial de los sucesos, que a veces se hace particularmente consciente en conexión con peligros, encuentros, etc.

-La empatía con experiencias místicas contadas por otros y la comprensión de que poseen una «lógica» ineludible.

-La asunción de símbolos, obras musicales y sincronicidad de sucesos en momentos de inspiración que desembocan en el reconocimiento de la Sabiduría divina.

-La docilidad en asuntos poco «naturales» para mi modo de ser como muestra del favor divino: «Venid a mí los que estáis cargados y yo os aliviaré. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera»

-Algunas personas me hacen observar cariñosamente que, en ocasiones, lo mío no es fe («creer sin ver»), sino más bien comprensión. En cualquier caso, se trata de un don, con escasa participación de mi voluntad.

-Emoción indescriptible ante la lectura de aquellas estrofas de san Juan de la Cruz sobre la Trinidad, sobre «la fonte que mana y corre», en las que se repite el estribillo «aunque es de noche».

-Idéntica emoción al leer el evangelio de la curación del ciego de nacimiento. Como escribe Jean-Gaston Bardet, hay fragmentos en la Escritura que poseen especial resonancia, incluso en lengua vernácula. Por mi parte, he podido comprobarlo en múltiples ocasiones: por ejemplo, con el Salmo 90, que se recita en Completas («Tú que habitas al amparo del Altísimo…»).

-Especial sensibilidad para la música religiosa. Predominio de lo auditivo, que no resulta en mí incompatible con la mentalidad «visual» propia del filósofo. Aquí un ejemplo será siempre santo Tomás de Aquino, filósofo, teólogo y autor de himnos eucarísticos cuya letra, ya al margen de la música, es de una fuerza avasalladora.

-Dice el archimandrita Sophrony que el llanto por los propios pecados es un don de Dios. Pues bien, es algo que yo he de agradecer al Señor.

-No sé si esto tendrá algo que ver con mi exceso de sentimiento en el canto y con la consiguiente dificultad para controlar la emoción.

COMENTARIOS:

  1. www-espacioblog-com-analog

16 de may. de 2007

Efectivamente, Paco, es preciso acompasarse con el «kairós», el ritmo divino en la Historia de la Salvación universal y en la historia individual. Como preparación, «hay que pasar mucho para entrar en el Reino de Dios», como dicen Pablo y Bernabé a sus discípulos. Un abrazo.

  1. www-espacioblog-com-analog

16 de may. de 2007

Gracias, José Luis, por tu comentario. Y a propósito de lo que dices al final, me viene a la mente que el término «piedad» tiene un doble sentido que, con frecuencia, se olvida. Uno, el relativo a las cosas de Dios: se llama «piadosa» a la persona religiosa, a la que se siente imantada por Dios, aunque a veces se quede en los ritos externos. Y también se considera «piadosa» a la persona que «tiene entrañas» para con el prójimo. Pues bien, Isaías 58, 6-7 pone las cosas en su sitio al señalar cuál es la verdadera piedad, la que agrada al Señor: «…desatar los lazos de maldad, deshacer las coyundas del yugo, dar la libertad a los quebrantados y arrancar todo yugo. ¿No será partir al hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en casa? ¿Que cuando veas al desnudo le cubras y de tu semejante no te apartes?» Y aquí viene el vínculo directo entre la piedad y la experiencia de Dios, expresado en unas palabras que uno no puede leer sin estremecerse: «Entonces brotará tu luz como la aurora, y tu herida se curará rápidamente. Te precederá tu justicia, la gloria de Yahvé te seguirá. Entonces clamarás, y Yahvé te responderá, pedirás socorro, y dirá: «Aquí estoy».

  1. Paco Boehmiano

12 de may. de 2007

Es una alegría, Emilio, el leer estas cosas.

Silencio que asiente.

Aún no se ha manifestado lo que Dios, sin duda, realizará, cuando sea el tiempo (el kairós), o sea, cuando Él quiera.

Pero nos va preparando.

Recomiendo a los amigos la lectura del tratado de los dones del Espíritu Santo de S. Buenaventura.

  1. José Luís Samper

9 de may. de 2007

Gracias, Emilio, por compartir el modo o los momentos en que Dios se hace más perceptible a tu espíritu. Resulta edificante ver de cuántas y diversas maneras Dios se comunica a a las personas. En ellas Dios se humaniza y nuestra fe se torna verdad personal y cuanto más personal, más universal, aunque con una universalidad distinta de una afirmación científica. Aquello que nos conmueve nos muestra su verdadera naturaleza y entendemos que con ella no puede habar más relación que la amorosa. También en mí Dios se me asoma en el silencio, en la oración… y en las personas despojadas de todo, que gastan su vida en trabajos duros con son un puro servicio a los otros, aunque ellas mismas lo ignoren.

  1. www-espacioblog-com-analog

29 de abr. de 2007

Gracias, Evaristo. Ya está solucionado el problema.

  1. Evaristo Martínez

28 de abr. de 2007

Hola Emilio:

Este último artículo no se puede ver; el enlace parece estar mal.



Comentarios