SOBRE EL CUERPO MÍSTICO DE CRISTO (Notas)


23 de sep. de 2007

-La diversidad de personas como reflejo de los atributos divinos.
-Como decía Adrienne von Speyr, dentro del Cuerpo Místico, los santos son como los números primos, solo divisibles por sí mismos y por la unidad. Y lo que los aparenta a la gracia-añadiríamos- es su carácter imprevisible, a diferencia de cualesquiera números compuestos.

-Supuesta la comunión que constituye el Cuerpo Místico, el equilibrio exige que destaquemos, al mismo tiempo, las diferencias entre sus miembros.

-Dificultad de conciliar esas diferencias. Decía Hans Urs von Balthasar en “El complejo antirromano” que las naturales tensiones entre los polos del “cuarteto apostólico” amenazan reventar las “costuras” del vestido de la Iglesia, que, por otra parte, es “inconsútil”: el ministerio pastoral (Pedro) y el amor que permanece (Juan) forman uno de los dos brazos de la cruz; la tradición o la ley (Santiago el Menor) y la libertad en el Espíritu Santo (Pablo) determinan el otro.

-Una cruz que, curiosamente, puede ponerse en relación con los cuatro principios exegéticos de la Sagrada Escritura: al brazo Pedro-Juan se superpondría la tensión entre tropología (sentido ético, disciplina eclesiástica) y anagogía (contemplación de la eternidad ya presente); mientras que el brazo Santiago el Menor-Pablo estaría en relación con el conflicto entre historia (el Jesús histórico) y alegoría (el Cristo de la fe), un punto en el que, por lo que llevo leido hasta ahora, el “Jesús de Nazaret” de Benedicto XVI aporta nuevas intuiciones en orden a superar falsas contraposiciones históricas.

-Y es que los polos en cuestión pueden degradarse:

El ministerio pastoral (Pedro), en una Iglesia concebida como mera administración u organización.

El amor que permanece (Juan), en el amor entendido como mera “experiencia”, es decir, en todo tipo de gnosticismo.

La tradición o la ley (Santiago el Menor), en las diferentes formas de positivismo, ya sea exegético, eclesiológico o teológico.

La libertad en el Espíritu Santo (Pablo), en racionalismo, de manera que el “pneuma” que escruta los misterios divinos degenera en razón, que desemboca fácilmente en dogmatismo.

-Es Cristo, la Cabeza, quien hace posible la unidad de la Iglesia en medio de las tensiones que implica la pluralidad. A nosotros nos queda participar en su amén a la voluntad del Padre.




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