SAN GREGORIO MAGNO SOBRE JUAN 21, 1-14 (A propósito de los 153 grandes peces)
23 de ago. de 2007
En su Homilía IV sobre los Evangelios, dirigida al pueblo en la feria cuarta de Pascua, el Papa se expresa en estos términos:
“…Mas, cuando se dice que la red estaba llena de peces grandes, se añade además de cuántos, a saber, de ciento cincuenta y tres.
El número no carece de misterio; antes bien, la profundidad de tan gran misterio reclama vuestra atención, pues el evangelista no expresaría tan detalladamente la cantidad si no quisiera indicar que está llena de misterio.
Pues bien, vosotros sabéis que en el Antiguo Testamento se preceptúa que todas nuestras acciones se ajusten a los mandamientos del Decálogo, y que en el Nuevo se da a los fieles, ya multiplicados, la fuerza o virtud para obrar mediante la gracia septiforme del Espíritu Santo. Gracia que describe el profeta (Is. 11) diciendo: “Espíritu de sabiduría y de entendimiento, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de piedad, y le llenó el Espíritu del temor de Dios”.
Pero recibe el obrar en este espíritu quien conoce la fe en la Trinidad, esto es, quien crea que el Padre y el Hijo y el mismo Espíritu Santo tienen un solo poder y confiese que son una sola substancia.
Ahora bien, siendo siete las gracias que, como hemos dicho antes, son dadas abundantemente en el Nuevo Testamento y diez los preceptos del Antiguo Testamento, toda nuestra virtud y operación pueden reducirse en total a diecisiete. Multipliquemos ahora por el triángulo, o por tres, los diecisiete, y llegan a cincuenta y uno; número que en verdad no carece de misterio, puesto que en el Antiguo Testamento se mandó llamar jubilar cada año cincuenta, en el cual todo el pueblo descansaría de todo trabajo. Pero el verdadero descanso está en la unidad. En efecto, la unidad no admite división, pues donde se divide la unidad no hay verdadero descanso.
Multipliquemos ahora por el triángulo, o por la Trinidad, cincuenta y uno, y hacen ciento cincuenta y tres. Luego, como todo nuestro obrar, manifestado en la fe en la Trinidad, tiende al descanso, multiplicamos diecisiete por tres para llegar a cincuenta y uno; y como nuestro verdadero descanso tiene lugar cuando ya conocemos la claridad de la Trinidad, la cual sabemos con certeza que consiste en la unidad de la divinidad, multiplicamos por tres cincuenta y uno y tenemos la suma de los elegidos en la patria celestial, figurados en los ciento cincuenta y tres peces.
Luego fue cosa justa el que después de la resurrección del Señor fuera echada la red que había de capturar tantos peces cuantos eran los que figuraban a solos los elegidos para la patria celestial.” (Obras de San Gregorio Magno, Madrid, 1958, BAC, 649-650)
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