EXPERIENCIAS DE LA TRASCENDENCIA

14 de jul. de 2007

-Necesidad de poner por escrito determinadas percepciones de la realidad divina.

-Así, la sensación de que en cualquier situación de la vida nos visita de repente el temor ante el juicio de Dios, la «imaginación verídica» de encontrarnos en su presencia.

-La convicción de haber recorrido hasta ahora o, al menos, durante mucho tiempo, el camino equivocado: no se trata de «mantenerse incólume» en medio del devenir mundano como si fuese un mérito nuestro, sino de dar a Dios lo que es de Dios, es decir, todo nuestro ser, ya que «en Él vivimos, nos movemos y somos». En efecto, cuerpo, alma y espíritu son creación suya; tan solo nos pertenece la conciencia de nuestro propio yo, una conciencia cuyo distanciamiento de quien nos da el ser solo tiene por finalidad reconocer su infinita grandeza. Ahora bien, somos proclives a subrayar durante demasiado tiempo la distancia. De ahí la dificultad para emprender el camino de retorno: cuanto más sintamos la ausencia de Dios, la distancia que de él nos separa, mayor será nuestra capacidad de acogerle, si es que no lo rechazamos de antemano.

-Por eso hemos de fomentar en nosotros la apertura a los otros para mejor comprender de cuántas maneras se ha manifestado el amor de Dios a la humanidad.

-¡Ayúdame, Señor, a ser como tú eres, a pensar como tú piensas, a amar como tú amas! Constatar la distancia entre Dios y nosotros no basta; hay que desear que Dios, mediante su gracia, nos dé la fuerza para sumergirnos en él. Y esto es la oración, la posibilidad que Dios nos otorga de identificarnos con él.





Sobre la experiencia de Dios y sus modalidades

-Oración de petición y respuesta a la misma.

-Experienciaa través de la Eucaristía.

-Momentos especiales en los que se nota la presencia de Dios, con motivo de la vivencia de acontecimientos trágicos o dramáticos, o también de sucesos en los que se muestra la misericordia o la sabiduría de algunas personas, así como a través de la ayuda en o la liberación del peligro.

-Contemplación de la sincronicidad entre acontecimientos de una determinada clase y ciertos ángulos planetarios.

-Consideración de los argumentos que nos llevan a la «demostración» de la existencia de Dios (movimiento-efecto-contingencia-grados de perfección-finalidad).

-«Carta a los Romanos»: porque, habiendo conocido al Dios creador por sus obras, no le dieron culto; por eso Dios los abandonó a sus pasiones…Para Marthe Robin, nos aproximamos a una época caracterizada por la «pérdida del espíritu», la «muerte espiritual» de los 2/3 de la humanidad.

-El argumento ontológico de san Anselmo en su aspecto más vivencial.

-¿Qué valor tiene la concepción de Dios como Totalidad? (véase «Totalidad e infinito» en Cándido Cimadevilla y en Lévinas; también en Abellio; «Uno y el Todo», etc.).

-Hay que hacer constar que el Uno no se revela a nadie, como no sea al pensamiento del filósofo (referencia al libro de Jean d´Encausse, «La philosophie de l´éveil»). Por lo demás, el Uno hindú o la no-dualidad solo se manifiesta a través del Yoga, de las diferentes formas del mismo. Ello supone una negación o supresión del ego (ver el libro «Los XXII Arcanos Mayores del Tarot»,de autor anónimo y editado en Herder, en donde se compara la actitud de fe con el Yoga).

-Importancia de la gracia por encima de la ascesis.

-El Dios verdadero no es simplemente la Totalidad del mundo. Esta última se identificaría con el «Ser», como diría Abellio. Sin embargo, cabe aplicar a Dios el concepto de «Ser», aunque Dios sea extramundano; eso sí, el concepto se aplicaría analógicamente. Por parte de Abellio, el Sí trascendental hace frente a la realidad del Ser. ¿Qué hace frente a la realidad verdadera de Dios? Solo la fe, vaya acompañada o no de una visión mística, es decir, de una «suspensión de las potencias».

-Prueba de la existencia de Dios por el mal y el sufrimiento. Siempre se los consideraba una objeción, pero, en realidad, es la prueba decisiva, puesto que parte del orden concreto, sobrenatural, de la economía salvífica. En efecto, si el mundo fue creado bueno, ¿cómo es que existe el mal bajo la forma de pecado y el sufrimiento?

Si las demás pruebas están más bien en relación con el régimen natural, ésta última estará en conexión con el orden sobrenatural: si Dios es el Sumo Bien, la Causa Primera, el Ser Necesario, etc., la existencia del pecado y del sufrimiento no podemos atribuírselas.

Luego, si Dios los permite es porque piensa «equilibrarlos», sacando de ellos un bien mayor. Por otra parte, aplicando la prueba de los grados de perfección, concluiremos que una imperfección como es el pecado y el sufrimiento nos remitirá a la Perfección Absoluta, que toma sobre sí la imperfección y nos asombra con una perfección inaudita.

En efecto, lo menos exige la existencia de lo más, ya que la escala de perfección contiene todos los peldaños o grados del ser (ver «Itinerarium mentis in Deum», de san Buenaventura). Eso sí, el Ser divino no es un eslabón más de la escala, sino el Principio de todo.

La escala de la perfección consta de una serie de peldaños, que van desde el inferior (allí donde hay más mal y sufrimiento, en el último círculo diabólico) hasta el superior (el coro de los serafines). Hasta aquí la escala de la perfección relativa; más allá está la Perfección Absoluta.

-La razón por la que Dios permite la existencia del mal y del sufrimiento no puede ser otra que su respeto a la libertad de las creaturas racionales, que introducen la desobediencia en el mundo y, con ella, el sufrimiento, incluso de los seres inocentes.

Así, por ejemplo, el sufrimiento de los animales, subsiguiente al «cambio de régimen» tras el pecado original: al principio, el régimen instaurado por Dios para el hombre era vegetariano.

O los sufrimientos de la creación entera, que se muestra expectante ante la revelación de la gloria de los hijos de Dios, como dice san Pablo. ¿Qué quiere decir esto? Que, al igual que el pecado original introdujo la muerte y el sufrimiento en el mundo (enemistad entre el hombre y la naturaleza: «Ganarás el pan con el sudor de tu frente»), la justificación los hará desaparecer.

Así, la naturaleza, obedeciendo al hombre justificado, no entrará ya en conflicto consigo misma y, por tanto, no perseguirá implacablemente al hombre, pues él ha dejado de transgredir. Y es que al ser el hombre un «microcosmos», el «macrocosmos» refleja ahora el conflicto que habita al género humano.

–Nota sobre los significadores de la experiencia de Dios. Al igual que el signo de Sagitario podemos referirlo en general al Sentido del mundo, también cabe relacionarlo con la experiencia más concreta de Dios.

-De un modo análogo, podemos hablar de una «historia de la búsqueda de Dios por el alma humana», de manera que las conjunciones de planetas lentos representarán aquí las grandes etapas de la búsqueda espiritual. Por ejemplo, en el momento actual (mediados de agosto de 2004) la cuadratura Júpiter/Plutón puede relacionarse con: a) conflicto entre «Dios» (Sagitario) y sus enemigos (Escorpión), un conflicto muy a la vista, ya que el arquetipo «Dios», situado en Virgo, se halla en «caída» en el sector del «destino» o de la «misión» (Virgo es la X de Sagitario); b) conflicto entre la teodicea (Sagitario) y la experiencia de los «infiernos» (Escorpión); y c) contraste entre el pensamiento metafísico en general y la experiencia de la muerte. Por lo demás y como hemos dicho en otro lugar, la cuadratura citada es el último «cuarto» de un ciclo semijubilar como es Júpiter-Plutón (conjunción que rige el tema radical de la Era Cristiana).

-Poner por escrito, dentro de lo posible, experiencias concretas de la realidad divina y del diálogo con ella. Por ejemplo, percepción de la impotencia ante la situación o la conducta de una persona más o menos influida por el diablo o próxima a caer en una tentación.

Dios nos invita a hacernos cada vez más humildes, a fin de que a través de nosotros actúe su gracia. O bien, a reflexionar sobre el modo como la voluntad, acompañada de la gracia, puede hacer fracasar cualquier pronóstico humano (como el astrológico), de manera que resulta imposible predecir con exactitud cualquier situación o episodio histórico o biográfico. Eso sí, parece que los aspectos planetarios señalan los momentos en que se producen las «crisis» o las decisiones.






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