SOBRE EL «FIN DE LOS TIEMPOS DE LAS NACIONES» Y EL FIN DEL MUNDO

 12/07/2007 

¿Qué quiere decir la expresión «fin de los tiempos de las naciones»? Se trata de una expresión judía, puesto que las «naciones» o los «gentiles» son todos aquellos pueblos que no pertenecen a Israel. Puesto que san Pablo afirma que, tras las «naciones» entrará el «resto de Israel», está claro que existe un intervalo entre el «fin de los tiempos de las naciones» y el fin de la historia. ¿Cuánto durará? En el mensaje de la Virgen de La Salette se habla de «unos 25» años (es decir, un «jubileo», una época de misericordia, si es que hemos de interpretarlo literalmente). Después vendrían los 7 años finales, dentro de los cuales quedarían comprendidos los 42 meses de la «Gran Tribulación».

 

Sobre la pretensión de calcular el tiempo del fin del mundo

Dicha pretensión sólo tendría sentido si conociéramos el instante en que comenzó el mundo. De otro modo desembocaríamos en una temporalización sin fin, en la “imagen móvil” de la eternidad al modo platónico. Pero un tiempo sin fin no existe, pues ello supondría que dicho tiempo no tiene principio, y semejante definición no es la del tiempo, sino la de la eternidad. En efecto, el tiempo es como una circunferencia abierta: si empezamos en 15º Piscis, el fin se situará en ese mismo grado, y así sucesivamente. Frente a ello está el «tota simul ac perfecta possessio» de la eternidad, que es justamente un no-tiempo. Y es justamente la eternidad la que soporta y hace posible los distintos tiempos o eones, ya midan el devenir de la materia o el del espíritu (a saber, el tiempo sutil, etc.). Y otra observación: dentro de cada tiempo o eón, cada uno de los distintos seres que viven en él viene a significar un «tiempo» diferente.

¿Cómo es posible el acceso a la eternidad desde el tiempo? Justamente a través del Hijo Encarnado, que, sintetizando en él los distintos tiempos, se halla unido a Dios hipostáticamente.

No tiene sentido, pues, disolver las cosas en la eternidad  como si sólo existiese la no-dualidad. Pues la «no-dualidad» (mejor utilizar otra denominación) tolera junto a sí a los demás seres, ya que Dios no es «muerte», sino vida, lo cual no quiere decir que no exista un fin del mundo, sino que ese fin no equivale a la aniquilación de la creatura, sino a su transfiguración y restauración.

¿Qué es, pues, el principio y el fin de un ente sino su relación de dependencia con el Ser Supremo, su venir de Él y retornar a Él, su «respiración»?

El tiempo en cuestión puede ser «continuo» o «discreto». El primero implica sucesión continuada de instantes; el segundo, sucesión no continua, motivada por su referencia a la material y continua.

Ayuda mucho a comprender esto la capacidad del espíritu de moverse más allá del espacio y del tiempo a través del intelecto y de la voluntad. Es decir, que el tiempo del espíritu se asemeja a la eternidad en que sobrevuela el tiempo continuo mediante sus conceptos y decisiones. Una experiencia fundamental de lo que es el tiempo continuo y de lo que son los poderes del espíritu.

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