¿ES EL TIEMPO LA «IMAGEN MÓVIL DE LA ETERNIDAD»?
15 de jun. de 2007
Sí, en lo que tiene de «cíclico», en cuanto que tiende a cerrarse sobre sí,
aunque sin conseguirlo. En este sentido, el tiempo se comporta como una espiral
de revolución de desarrollo indefinido, que, pugnando por alcanzar la unidad,
tiende a infinito.
Pero el infinito, que es más bien lo indefinido, el «límite» hacia el que
tiende el crecimiento cuantitativo, jamás podrá alcanzar la unidad. Así, pues,
frente al círculo inmóvil de la eternidad, el tiempo aparece como el conato
siempre frustrado de delinear un círculo, como la multiplicidad siempre
creciente.
Es verdad que, en el camino hacia el infinito, la unidad halla, por así
decirlo, «umbrales» que vuelven a ella o que se le aproximan especialmente: los
números primos. En ellos la tendencia a la multiplicidad y, por tanto, el
tiempo, se detiene de alguna manera.
Para los griegos, el tiempo no podía detenerse en su afán de imitar a la
eternidad. Para los cristianos, en cambio, el tiempo tiene principio y fin,
«génesis» y «apocalipsis», de modo que su origen y meta es la eternidad.
¿Cabe entender esta linealidad desde la perspectiva numérica? Sí,
justamente a partir de los primos. En efecto, todo indica que es en uno
de esos «umbrales» donde acabará el tiempo, pues los primos son precisamente puntos
de contacto entre el tiempo y la eternidad, pues son a la vez números, en
cuanto que se constituyen por adición de la unidad a sí misma, y
«manifestaciones de la unidad», en cuanto que solo son divisibles por ella.
De ahí también que los primos simbolicen la acción de la gracia, que
desciende de Dios y deifica al hombre. Así, los números derivados figuran
el tiempo, la humanidad, lo creatural, la «naturaleza«, mientras que los
primos designarán justamente la eternidad en el tiempo, la humanidad
divinizada, la «gracia». No en vano Adrienne von Speyr relacionaba los
números primos con los hombres santos.
Si aplicamos esto a la interpretación numerológica de una palabra o de un
texto, concluiremos que cualquier palabra cuyo valor es un primo merece
especial atención.
Puesto que estamos hablando del círculo de la eternidad, no está demás
referirnos a una imagen suya, el círculo zodiacal. Dividido en 360º, convendrá
tener especialmente en cuenta aquellos grados que corresponden a números
primos, ya sea que coincidan con un planeta o con la cúspide de una
casa.
En cuanto al «status» de los números divinos, precisaremos que el
nombre «ajd» («Uno» o «Único») tiene un valor de 13, el mismo que «El», que
sería algo así como el «quantum» de Dios y que posee el mismo valor que «aebe»
(«Amor»).
* Como en
otros lugares, escribimos los vocablos hebreos en su transcripción convencional
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