¿CABE REPRESENTAR LA ETERNIDAD?

 14 de jul. de 2007

-Sí, mediante la circunferencia, en una dimensión; por medio del círculo, en dos dimensiones; y de la esfera, en tres dimensiones. Se trata siempre de figuras perfectas y cerradas sobre sí mismas. En cuanto al punto, también puede ser figura de la eternidad, en este caso adimensional.

-Sin embargo, una cosa es representar la eternidad y otra vivirla. En realidad, solo podemos pensarla, no dibujarla o pintarla. No de manera adimensional, pues el punto es imposible de dibujar. Tampoco en una ni en dos dimensiones, ya que cualquier línea que intentemos dibujar ya posee superficie y volumen, puesto que tiene anchura y altura, además de longitud. Eso nos da a entender que toda representación tiene tres dimensiones.

-Podemos, entonces, construir una esfera, pero no perfecta u homogénea, siempre tendrá algún defecto. Lo que significa que materializar una idea o un pensamiento es imposible. «Volatilizar lo fijo» y «fijar lo volátil» como «desideratum» alquímico, no como posibilidad real. Sin hablar de la caducidad de la materia…

-Por tanto, vivir la eternidad solo está al alcance de un espíritu puro que pueda pensarla y vivirla o de un espíritu encarnado siempre pensante y viviente. Por consiguiente, el cuerpo que va unido al espíritu ha de estar a su altura; lo cual resulta imposible en el régimen natural de las cosas. Así, pues, hemos de admitir la resurrección o glorificación del cuerpo.

-Desde su eternidad, Dios se hace presente directamente o a través de causas segundas. Lo más perfecto es confiarse a su Providencia, que puede asistirnos de manera directa o indirecta. La última es la ordinaria. ¿Tiene esto alguna relación con el conocimiento de Dios? Hay que distinguir entre el natural y el sobrenatural. El primero está al alcance de nuestra razón («pruebas de la existencia de Dios»); el segundo nos lo da la fe y, por tanto, es gratuito e independiente de nuestro esfuerzo. En cualquier caso, el conocimiento sobrenatural de Dios nos hace percibir la Providencia en los acontecimientos cotidianos o «naturales».

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