MÚSICA

21 de may. de 2007

 -Relacionada en otro lugar con el exceso de sensibilidad y con la emoción estético-religiosa).

-Talante artístico más auditivo que visual.

-Mi abuelo materno poseía una gran sensibilidad musical, que han «heredado» todos mis sobrinos, especialmente uno de ellos, que ha salido un buen instrumentista.

-Un tema interesante: hay familias de músicos y de matemáticos; alguien ha señalado la razón; no parece ser otra que el carácter fuertemente «integrado» de ese conocimiento, que le hace escasamente dependiente de la «experiencia», entendiendo el vocablo como sinónimo de «conocimiento sensible»; de ahí un cierto talante «angélico» de músicos y matemáticos.

-Yo no heredé la capacidad para interpretar, pero sí una gran sensibilidad como oyente, hasta el punto de que los recuerdos más profundos suelen ir teñidos, ante todo, de una atmósfera musical.

-En ella podríamos distinguir dos fases. La primera, «gnóstica» (Wagner, primer contacto con su mitología en la escuela primaria, a través de D. Joaquín Rodríguez; luego, a los 25 años, una especie de «recordatorio» más intenso de este tipo de música. Durante bastante tiempo, los temas del Grial en «Lohengrin» y del Viernes Santo en «Parsifal» sirvieron de «acompañamiento» a mis reflexiones más o menos gnósticas, aparte de otros, pertenecientes a «El oro del Rhin», obra que conocí antes y cuya «atmósfera» me era familiar desde la escuela primaria).

La segunda, «mística» (Bach, que a veces se firma 14-Bach, lo que demuestra su familiaridad con la numerología; Beethoven, Mozart, Palestrina, Schubert (que siempre asocio al recuerdo de D.Joaquín Rodríguez), Albinoni (cuyo «Adagio en sol menor para cuerda y órgano» me trae a la memoria a un gran filósofo, Cándido Cimadevilla), gregoriano (de incomparable fuerza, que diría el propio Mozart), así como ciertos himnos eucarísticos, antiguos y modernos, de especial fuerza.

Para mí, la música posee un poder evocador superior al de cualquier imagen o motivo visual. Soy de los que podrían «reconstruir el pasado» desde las melodías asociadas a cada momento o época existencial, y esto es válido para todo tipo de melodías, especialmente las que resultan más «irreales», «punteadas» como las de acordeón.

Así, por ejemplo, en el ámbito de la música clásica, es lo que me ocurre con el «Concierto para violín y orquesta» op.64 de Mendelsohn, que despierta en mí un sentimiento y una emoción particulares, relacionados con mi estancia en Roma y a los que me resulta difícil sobreponerme; o la melodía del Grial, del «Lohengrin» de Wagner, otro héroe «puro»; y no hablemos de la «Pasión según san Mateo», de J.S.Bach y de los recuerdos que evoca de una parte central de mi vida.

En definitiva, he vivido y vivo la música como una etapa fundamental en el camino hacia la compasión universal. Es lo que quiso expresar Ludwig van Beethoven en el 2º movimiento de la 7ª Sinfonía.

La memoria de la propia existencia y de la existencia universal ha de ser reemplazada por la «memoria de Dios»: los momentos estelares de la música pueden servir de «puente» entre una y otra ribera. La primera, evocada en el 2º movimiento de la 7ª de Beethoven; la segunda, en el 4º movimiento de la 9ª, la «Oda a la alegría», «chispa divina, hija del Elíseo».

Conexión entre astrología y música, como me hizo ver Carteret: Sol en Aries y IX, sextil a la conjunción Saturno/Urano, la cual forma trígono con Neptuno; aunque mi Sol se halle en oposición con Neptuno; por lo demás, este aspecto indica autoconciencia de lo neptuniano y equilibrio entre luz y fusión; por lo demás, el Sol ha rebasado ya la oposición exacta en varios grados, lo que supone iniciar el camino de retorno hacia la fusión, más allá del conflicto álgido que marca el aspecto exacto. Es curiosa la posición de Neptuno en mi tema: opuesto al Sol, en cuadratura con la Luna y en oposición cerrada con Mercurio, todos ellos a distancia del planeta y en conflicto con él, lo que supone dificultad para una correcta vivencia de la comunión universal; y, sin embargo, el dispositor de Neptuno, Venus, lo encontramos en el M.C., es decir, mi Neptuno está en todo momento «controlado» por las mejores «vibraciones» de Venus; así puedo apoyarme en él para lograr un equilibrio que la posición de Neptuno haría muy arduo.

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