NOTAS SOBRE SIMBOLISMO NUMÉRICO Y CREACIÓN
15 de may. de 2007
Los entes mundanos, como efectos que son de la Causa Primera son ante ella como otros tantos ceros.
No confundir el infinito matemático («potencia») con el metafísico («acto»). En efecto, desde el punto de vista cuantitativo, los números crecen indefinidamente; no así desde el cualitativo, en donde los números decrecen desde el infinito hasta la Unidad, que no es ningún número. Por tanto, no se puede decir propiamente que la unidad sea el número más grande, puesto que no es número. En rigor, la unidad entendida como el ordinal supremo ya supone comparación, y esta comparación no hace justicia a la Causa Primera.
Hay jerarquía en el universo, como la hay entre los números, pero la Unidad queda más allá de toda jerarquía, de por sí relativa. Por tanto, el valor de Alef (=1) solo debería considerarse desde el punto de vista relativo, de manera que no entre como absoluto en la composición de una palabra.
¿Y la Trinidad en la Unidad, cómo entenderla numéricamente? Como algo a la altura de la Unidad, no inferior a ella, lo que la colocaría a un nivel relativo. Y es que dicha Unidad sería, ante todo, Unión, o no separación entre las Personas. Con todo, la riqueza de la Sagrada Escritura es tal que incluso la aplicación del valor 1 a Alef (que transcribimos como «a»), nos permite establecer la luminosa «ecuación»:«El» («Dios»)=«ejad»(«Uno») =«aebe» («Amor»)=13.
Y observemos cómo en el 13 aparecen el 1 y el 3. Se trata de subrayar a la vez la Unidad y la Trinidad.
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