LLANTO
-En mi edad temprana, relacionado con algún estallido de violencia a mi alrededor y, sobre todo, con mi inadaptación al mundo: «asfixia» o «inundación» (astrológicamente relacionado con ángulos conflictivos de Neptuno; posteriormente, al leer las experiencias de R. Daumal o de R.G.Lecomte, me reconocí un tanto en ellas).
-Llanto reprimido o controlado después, excepto en algunas experiencias-límite, que me otorgaban la certeza de haber sido escuchado por Dios: «Un corazón quebrantado y humillado Tú no lo desprecias», como dice el Salmo.
-Todo llanto humano culminará en el «llanto por el Hijo Único» en el que «llorarán al que traspasaron».
-El llanto como fenómeno intermediario entre la estética y la experiencia religiosa. Si Dios quiere, cuando tenga ocasión de ver en persona a Juan Sebastián Bach cuánto le agradeceré el haber compuesto «La Pasión según san Mateo». En los peores momentos de mi existencia, cuando mi fe flaqueaba o quedaba oculta por mi individualismo y mi desmedido orgullo intelectual, cuántas veces he llorado escuchando esa incomparable composición, cuántas veces me ha hecho volver a la realidad, con cuánto sentimiento he acompañado a Pedro en el «Erbarme dich».., marcado por el nº 47, como para recordarnos de un modo peculiar al Nombre sobre todo nombre (una coincidencia curiosa: el 9-5-2001, Carlos Dávila entrevista en televisión al profesor Reinares, de Oxford, que acaba de publicar un libro sobre los etarras, titulado «Los verdugos», o algo así. Se basa en entrevistas a 47 terroristas: una inversión del 47 de Jesús?).
-Algo semejante me ocurre con el «Requiem» de Mozart y el tema del juicio universal (nadie alcanzó cotas semejantes): «Mors stupebit..», tras el «Tuba mirum»; «Rex tremendae majestatis»; «Confutatis maledictis..». Más allá de Beethoven y la conciencia heroica; de Wagner y la lucha contra el Dragón, de Sigfrido como prototipo del héroe; de Lohengrin o de Parsifal en la búsqueda del Grial…
-Don de lágrimas como procedente del Espíritu Santo: ¿se reconoce por el amor al prójimo manifestado bajo la forma de la compasión universal?
-Como diría Silvano del monte Athos, el llorar los propios pecados durante toda la vida y la conciencia de merecer el infierno por ellos son un don del Espíritu. Mientras no se da plenamente somos atacados por los demonios.
-Necesidad de sufrir para expiar los propios pecados, pidiendo a Dios ayuda para sobrellevar lo que venga. ¡Cuánto he sufrido para soportar a ciertas personas!; solo cuando ofrecí los sufrimientos por mis pecados empecé a aprender; de lo contrario, los demonios «te ayudan a cargarte de razón»).
-Aprender a expiar y a llorar también por los demás.¡Tarde empieza uno a aprender cosas que debería «dominar» ya desde hace tiempo! Por eso había que dejar atrás cualquier forma de «suficiencia gnóstica» antes de enfrentarse al nuevo horizonte. Que Dios me preste el peso suficiente para convencer a los demás de que éste es el verdadero camino.
-Es frecuente oír entre los rusos la frase «Algo habremos hecho» al comentar acontecimientos o pruebas terribles que les sobrevienen. Dejando a un lado las tendencias patológicas, masoquistas que a veces pueda encerrar la frase, parece cierto que se trata de un poso de experiencia acumulado por el pueblo durante siglos y que muestra hasta qué punto vive en la realidad. Sufrimientos semejantes han caído sobre España; sin embargo, apenas se oye entre nosotros una reflexión similar. Sí es frecuente oír: «Aquí estamos para lo que venga!», pero las palabras no suelen expresar un deseo explícito de expiación, sino más bien una aceptación de la misma.
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