LA LUCHA CONTRA EL MALIGNO

 13 de may. de 2007

-La lectura de algunas obras (teológicas o autobiográficas) sobre el tema del influjo diabólico contribuyó a confirmar y ratificar intuiciones y experiencias personales en este ámbito. Autores como C.S.Lewis, Malachi Martin o Gabriele Amorth, cada uno a su nivel, me mostraron la realidad de la influencia maligna y los diversos modos en que se manifiesta.

-Experiencias personales: épocas de duras tentaciones diabólicas; si en cada persona adquieren un matiz diferente, en mi caso se caracterizan por sensaciones de «inundación» o de «asfixia» ante el mundo que me rodea.

-El exceso de sensibilidad ante la maldad de determinados personajes políticos y no políticos cuya perversidad tiende a contagiarse con facilidad a quienes los escuchan.

-La impresión, en ciertas épocas de la vida, de andar sobre terreno «minado».

-La captación del papel diabólico, en ocasiones, de la televisión y de los medios de comunicación.

– Las «fisuras» en mi conducta o en mi temperamento que aprovecharon con facilidad los malignos: el desafío o la desobediencia a las directrices tradicionales de la Iglesia, la actitud arrogante, el excesivo aislamiento, el elitismo…

-Después, convenientemente purificados, algunos de estos rasgos temperamentales me sirvieron para resistir el «cerco» del progresismo. Como a Nietzsche con el nihilismo me pasó a mí con el progresismo, al que serví de temprana cobaya y del que, gracias a Dios, quedé vacunado.

-Mecanismo de las «fisuras»: personas (¿también cosas o ideologías? No me consta con igual claridad) a las que uno «demoniza», «desprecia» o «desvaloriza» y que se convierten para nosotros en símbolo de todo lo negativo, retorcido o mentiroso, son aprovechadas por los malignos para hacérnoslas pasar mal, para tentarnos, para atacarnos.

-Personas que actúan como nuestra «sombra» (por ejemplo, que nos envidien por alguna causa), con lo cual inevitablemente nos acompañan, pueden ser utilizadas por los malignos para dirigir contra nosotros su furia bestial.

-Por desgracia, he sido objeto en ocasiones de ataques burdos, estólidos, por parte de personas escasamente conscientes del papel que estaban desempeñando. Y me he visto sorprendido por la violencia de semejantes ataques, que, en realidad, no iban dirigidos contra mi persona, sino contra la doctrina cristiana que yo estaba defendiendo.

-Una violencia que, a veces, tiende a aumentar hasta el paroxismo. ¿Habrá que relacionarla con un deseo de expiación voluntariamente asumido por mí ante Dios desde hace tiempo? Lo cierto es que resulta diabólica, de puro violenta, grosera y absurda.

– Por lo demás, semejante violencia suele relacionarse con una actitud inconscientemente blasfema (así quiero pensarlo): hacer a Dios responsable del mal del mundo.

-Una actitud a la que sirve de coartada el sufrimiento de los inocentes: desde que Dostoievski y otros plantearon el problema, el incrédulo y el ateo han encontrado aquí un filón para sus «objeciones» y «argumentaciones».

-Dios permite que los demonios nos tienten o nos ataquen, pero no por encima de nuestras fuerzas; en cuanto a los sufrimientos, Dios los permite en aras de nuestro aprendizaje o del de otros (de lo contrario nos abandonaríamos y no tomaríamos la fe y la oración en toda su radicalidad).

-Hay que partir siempre del principio fundamental de que Él es nuestro creador y de que «la olla no puede protestar contra el alfarero», como no sea reclamar los derechos que el alfarero haya tenido a bien otorgarle; en último extremo, cualquier sufrimiento ha sido asumido por el Redentor y, por consiguiente, siempre podemos acudir a Él para pedirle que nos ayude a llevar nuestra carga, pues «su carga es suave y llevadero su yugo».

-Las «fisuras» en cuestión pueden activarse a través del contacto con determinadas personas, o bien, de un modo general, por grupos de personas dotadas de características opuestas.

-Otra ocasión de «fisura»: en terminología astrológica, los ángulos de oposición o de cuadratura entre las posiciones de un mismo planeta en distintos temas.

-Y es que la tentación o el ataque diabólicos vienen cuando uno, «divinizándose» a sí mismo, no ve la contradicción que lleva dentro y deja de tener paciencia consigo mismo. Al fin y al cabo, se trata de «contrarios» que uno alberga en sí mismo y cuya acción es alternante en distintas épocas. Al odiar determinados aspectos de uno mismo (que no son moralmente malos, sino psicológicamente conflictivos), tales aspectos se convierten en ocasión de odio a los demás. Y donde hay odio, el diablo no está lejos.

-¿Qué pensar de las medidas de prudencia con personas o situaciones tales? Es claro que la simple voluntad, al margen de la gracia, es insuficiente. Sin embargo, con la gracia todo lo podemos. Como dice san Pablo al hablar del «aguijón de la carne»: «Virtus in infirmitate perficitur» («La virtud se robustece en la debilidad»).

-En este sentido, recordemos las palabras de algunos Padres de la Iglesia: «El intelecto abandonado a sí mismo engendra sensualidad».

-Un punto fundamental a tener en cuenta: la diferencia entre fe y gnosis. La segunda fácilmente se ve inclinada a «superar» o a «integrar» lo que llama los opuestos, sean cuales fueren (por ejemplo, el bien y el mal) y no solo los complementarios (así, en astrología, las casas opuestas o los ángulos conflictivos; por cierto, ¿cuáles son los sectores que marcan el máximo conflicto entre sí? Evidentemente, los que forman oposición o cuadratura: I-VII; II-VIII; III-IX; IV-X; V-XI; VI-XII; I-IV; II-V; III-VI; IV-VII; V-VIII; VI-IX; VII-X; VIII-XI; IX-XII. Queda todavía el conflicto entre la XII (enemigos ocultos) y la I.

-Aquí está, pues, la diferencia: para la fe hay opuestos irreconciliables: «luz» y «tinieblas», bien y mal, el reino de Dios y el reino del Diablo.

-En este sentido, conviene aclarar la índole del conflicto anterior: no pertenece al orden ontológico, ya que reino de Dios y reino del Diablo poseen ambos realidad. Sí se oponen, en cambio, en los planos moral y espiritual, entendiendo aquí la palabra «moral» en sentido amplio (ya que la espiritualidad implica una moral, aunque no a la inversa: puede existir, en principio, una moral «natural»). Ahora bien, es claro que la oposición moral o sobrenatural es mucho más importante que la ontológica. La moral se explica porque el conflicto basado en la opción de la voluntad implica un grado de ser más elevado que el de la mera ontología. No digamos de la sobrenatural, que supone participación en el ser divino.

-De utilidad en la lucha contra los malignos: signos o gestos sagrados. Oración continua. Purgación. Llanto y arrepentimiento. Aprendizaje de la prudencia, incluso en las relaciones con las personas más próximas. Conciencia de la propia debilidad ante la tentación y necesidad de «andar con pies de plomo». «Guardar los ojos» y estar siempre vigilante, pues lo que se le tolera a un joven no se le tolera a una persona madura (es como si los ángeles se preocupasen menos de nosotros a medida que avanzamos en edad, saber y gobierno). Quien ha sufrido humillaciones aprende a estar siempre alerta.

-Atender a los ángulos planetarios conflictivos, especialmente los de los planetas rápidos. Una amenaza proveniente de una mala configuración de planetas lentos que, lógicamente, ha de venir activada por tránsitos de los planetas rápidos.

-Culpabilidad diabólica y responsabilidad humana (incitación, primero; caída, después; entre ambas, oídos sordos a la iluminación angélica). ¿Cómo evitar la caída y prestar oídos al ángel? Sólo es posible a través de la oración continua y el cultivo de la presencia divina. Roguemos a Dios que nos mantenga incólumes en medio del peligro. Por tanto, previa a cualquier opción, solicitud de la ayuda divina: «Sin mí nada podéis hacer».

-Hay momentos en la vida en que uno ha de «andar sobre minas» o «caminar sobre el filo de la navaja». Esto se da en todos los ámbitos y, especialmente, en el de las relaciones hombre-mujer. Por eso, tomando las cosas «cum grano salis», es decir, con un poco de humor, conviene cultivar además del «temor de Dios»,el «temor a la mujer» y, a la recíproca, el «temor al varón».

-De esta forma estaremos en guardia, ofreciendo las menores «fisuras» posibles frente a los previsibles ataques diabólicos. En definitiva, prestemos oídos a lo que dice el apóstol san Pedro: «Vigilate et orate, quia inimicus vester diabolus, tamquam leo rugiens, circuit quaerens quem devoret. Cui resistite fortes in fide. Tu autem, Dómine, miserere nobis» («Velad y orad, porque vuestro enemigo el diablo, como león rugiente, da vueltas a vuestro alrededor buscando a quién devorar. Resistidle fuertes en la fe. Y Tú, Señor, ten misericordia de nosotros»).

-En relación con luchas y tentaciones, la madurez nos lleva a comprobar cómo se cumple a veces en las relaciones humanas el conocido refrán: «Donde creías que había un cerdo atado no queda ni la estaca».

-Signos del «fin de los tiempos»: influencia insidiosa del Diablo, que ataca en todos los frentes, buscando distorsionar las relaciones entre las personas, las conductas, las ideas, llevándolas a la desmesura y enfrentándolas entre sí. Por ejemplo, tiende a destacar los fueros de la verdad (condénese el pecado) en detrimento de la bondad (sin distinguir el pecado del pecador). O, viceversa, se exageran los fueros de la bondad y, al perdonar al pecador, se niega de paso el pecado. Se llega así a legitimar cualquier hecho y, por consiguiente, a desvalorizar todo principio moral.

-La paciencia, signo de avance en la vida espiritual, pues supone un aceptarse a sí mismo y a los demás, aparte de comprender el ritmo natural de las cosas.

-Sin la ayuda del Espíritu no cabe el arrepentimiento radical; pero hay que pedirla con la mayor humildad.

-En relación con el tema de las tentaciones servirán de ayuda algunas consideraciones astrológicas: especial mención al respecto merece el ciclo eje nodal/»Luna negra», que se repite cada 6 años y alcanza su punto medio a los 3 años. Tiene que ver con situaciones extremas, en las que se tiende a pecar por exceso o por defecto. En cuanto a las cuadraturas, se forman cada año y medio. ¿Cómo superar los conflictos que plantean los principales ángulos entre ambos ejes? Según la índole del tema astral, así serán mayores o menores las dificultades que plantean. Mejor si no forman tales ángulos. De todos modos, siempre entran en relación ambos ejes a través de sus dispositores (es decir, de los planetas regentes de los signos por ellos ocupados), cuyos aspectos más o menos armónicos marcarán el tipo de dificultad.

-No olvidar que estamos sometidos al régimen de la «naturaleza caída y redimida», de manera que hay que acudir a la gracia, que «no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona». Eso sí, la gracia no llega a forzar la naturaleza, un punto importante a desarrollar.

-La lectura de la obra de R.Girard, «Vi a Satán caer como un relámpago», un libro en el que continúa desarrollando el tema de las relaciones entre la violencia y lo sagrado, en definitiva, el de la «rivalidad mimética», me sugiere algunas reflexiones.

-La inversión diabólica: frente al Cordero de Dios, que carga libremente con nuestras culpas, el «chivo expiatorio» escogido arbitrariamente, pues lo propio del Diablo es no asumir ninguna culpa; al contrario, se apropia la «salvación» cargándole la culpa a otro. En el cristianismo el conflicto y la rivalidad vienen del pecado y no han sido engendrados por Dios. En cuanto a la superación del conflicto, solo puede efectuarse a través de la asunción del pecado por el Cordero de Dios.

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