«DIOS, QUE TE CREÓ SIN TI, NO TE SALVARÁ SIN TI» (Notas)

27 de ene. de 2007


El famoso texto de san Agustín nos permite entender la distinción entre naturaleza y sobrenaturaleza. La frase significa que, supuesta la elevación del ente humano al orden sobrenatural, en el que se participa por gracia de la condición divina, se necesita de su consentimiento para alcanzar la salvación, es decir, para ser deificado. Creado por Dios sin ser consultado, el hombre goza de libertad para decidirse por la salvación o para rechazarla. Dios podría haberlo creado para que permaneciese siempre en el orden natural, pero no fue así.

De por sí finito, el ente humano recibió la capacidad para optar en libertad por la deificación o en contra de ella, no para permanecer en su ser natural

La potentia oboedientialis, es decir, la capacidad de la naturaleza humana para ser elevada al orden sobrenatural vino actualizada desde el acto mismo de la creación. De manera que, una vez efectuada la creación, la humanidad no puede quedar fuera de ese orden, sino únicamente tomar una opción ante el mandato divino (que, en realidad, adopta la forma de una prohibición): obedecerlo o desobedecerlo.

Tomada la opción, la naturaleza humana, contaminada por el pecado original, que se transmite por generación, se une al espíritu de cada hombre, creado directamente por el Todopoderoso. Es la condición caída en que nacemos. Condición de la que solo podemos salir mediante la Redención operada por Cristo.

COMENTARIOS:

 

o   Pedro Alejandro

23 de sep. de 2010

Felicitaciones por el blog.
Vale la observación de Daniel; yo añadiría otra, un poco más sutil pero no menos importante. Es verdad que Dios ha creado cada alma o espíritu humano en forma directa, pero no podemos detallar cómo y cuándo; por eso es mejor evitar un lenguaje demasiado crudo o grueso, como decir que «la naturaleza humana… se une al espíritu de cada hombre». Ese lenguaje da a entender —y aquí está la sutileza— que Dios ha creado la naturaleza humana y el espíritu humano por separado, como dos cosas distintas que, luego, se ensamblan.

Y eso, sinceramente, no es dogma cristiano.

Con sincero afecto

 

o   www-espacioblog-com-analog

26 de sep. de 2010

Es verdad, Pedro Alejandro, que la frase puede dar la sensación de que existen dos «creaciones» por separado. Pero lo que yo he querido decir es que la aparición en el mundo de cada persona humana lleva consigo la asunción, desde su peculiar óptica, de esa naturaleza caída.

§  Alejandro Larioswww-espacioblog-com-analog

21 de nov. de 2020

Dios no hace acepción de personas, María era pecadora en el mismo sentido humano. Dios no la escogió por sus méritos, sino por su SOBERNA VOLUNTAD, ella, al recibir la noticia, se humillo reconociendo su bajeza y dijo: «hágase conmigo conforme a tu voluntad», es decir, respondió a la gracia con fe y arrepentimiento. Dios que te creo sin ti, NO NECESITA DE TI para salvarte, pues su salvación es por Gracia y no por obras, pues si por obras, la gracia ya no es gracia…Dios hablando por boca de Pablo y Agustín, habla por si mismo.

o   Daniel

9 de jul. de 2010

sólo quisiera aclarar algo, la condición de «pecado original» es un pecado en sentido análogo, y no es contraída por generación, como lo dice vuestro artículo. con todo respeto, el estado de «pecado» original se contrae por la solidaridad humana. al pecar el primer hombre, se desencadenan muchos pecados más, y precisamente su importancia radica en que fue el primero de muchos pecados. Y la doctrina de la Iglesia no considera la generación como la consecuencia directa del pecado original en el hombre, sino el simple hecho de pertenecer a la humanidad.

Tampoco se debe entender la «generación» con el acto sexual conyugal, como se creía en la edad media.

o   www-espacioblog-com-analog

11 de jul. de 2010

Según la doctrina de la Iglesia, el pecado original no es un un pecado personal (Dz 532), pero sí propio de cada uno (790, 795). Todo el género humano contrajo ese pecado (102, 109a, 130, 175…), a excepción de la Bienaventurada Virgen María (256, 792, 1100…). El pecado original se transmite no por imitación, sino por propagación o generación (109a, 711, 790s, 795, 2229).

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