«DIOS, QUE TE CREÓ SIN TI, NO TE SALVARÁ SIN TI» (Notas)
27 de ene. de 2007
El famoso texto de
san Agustín nos permite entender la distinción entre naturaleza y sobrenaturaleza.
La frase significa que, supuesta la elevación del ente humano al orden
sobrenatural, en el que se participa por gracia de la condición divina, se
necesita de su consentimiento para alcanzar la salvación, es decir, para ser deificado.
Creado por Dios sin ser consultado, el hombre goza de libertad para decidirse
por la salvación o para rechazarla. Dios podría haberlo creado para que
permaneciese siempre en el orden natural, pero no fue así.
De
por sí finito, el ente humano recibió la capacidad para optar en libertad por
la deificación o en contra de ella, no para permanecer en su ser natural
La
potentia oboedientialis, es decir, la capacidad de la naturaleza humana para ser elevada al
orden sobrenatural vino actualizada desde el acto mismo de la creación. De
manera que, una vez efectuada la creación, la humanidad no puede quedar fuera
de ese orden, sino únicamente tomar una opción ante el mandato divino (que, en
realidad, adopta la forma de una prohibición): obedecerlo o desobedecerlo.
Tomada
la opción, la naturaleza humana, contaminada por el pecado original, que se
transmite por generación, se une al espíritu de cada hombre, creado
directamente por el Todopoderoso. Es la condición caída en que nacemos.
Condición de la que solo podemos salir mediante la Redención operada por
Cristo.
COMENTARIOS:
o
Pedro Alejandro
Felicitaciones
por el blog.
Vale la
observación de Daniel; yo añadiría otra, un poco más sutil pero no menos
importante. Es verdad que Dios ha creado cada alma o espíritu humano en forma
directa, pero no podemos detallar cómo y cuándo; por eso es mejor evitar un
lenguaje demasiado crudo o grueso, como decir que «la naturaleza humana… se une
al espíritu de cada hombre». Ese lenguaje da a entender —y aquí está la
sutileza— que Dios ha creado la naturaleza humana y el espíritu humano por
separado, como dos cosas distintas que, luego, se ensamblan.
Y eso,
sinceramente, no es dogma cristiano.
Con
sincero afecto
Es
verdad, Pedro Alejandro, que la frase puede dar la sensación de que existen dos
«creaciones» por separado. Pero lo que yo he querido decir es que la aparición
en el mundo de cada persona humana lleva consigo la asunción, desde su peculiar
óptica, de esa naturaleza caída.
§ Alejandro Larioswww-espacioblog-com-analog
Dios no
hace acepción de personas, María era pecadora en el mismo sentido humano. Dios
no la escogió por sus méritos, sino por su SOBERNA VOLUNTAD, ella, al recibir
la noticia, se humillo reconociendo su bajeza y dijo: «hágase conmigo conforme
a tu voluntad», es decir, respondió a la gracia con fe y arrepentimiento. Dios
que te creo sin ti, NO NECESITA DE TI para salvarte, pues su salvación es por
Gracia y no por obras, pues si por obras, la gracia ya no es gracia…Dios
hablando por boca de Pablo y Agustín, habla por si mismo.
o
Daniel
sólo
quisiera aclarar algo, la condición de «pecado original» es un pecado en
sentido análogo, y no es contraída por generación, como lo dice vuestro
artículo. con todo respeto, el estado de «pecado» original se contrae por la
solidaridad humana. al pecar el primer hombre, se desencadenan muchos pecados
más, y precisamente su importancia radica en que fue el primero de muchos
pecados. Y la doctrina de la Iglesia no considera la generación como la
consecuencia directa del pecado original en el hombre, sino el simple hecho de
pertenecer a la humanidad.
Tampoco
se debe entender la «generación» con el acto sexual conyugal, como se creía en
la edad media.
Según
la doctrina de la Iglesia, el pecado original no es un un pecado personal (Dz
532), pero sí propio de cada uno (790, 795). Todo el género humano contrajo ese
pecado (102, 109a, 130, 175…), a excepción de la Bienaventurada Virgen María
(256, 792, 1100…). El pecado original se transmite no por imitación, sino por
propagación o generación (109a, 711, 790s, 795, 2229).
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