NOTAS A PROPÓSITO DE «ESORCISTI E PSICHIATRI», DE GABRIELE AMORTH
2 de oct. de 2006
-Los primeros monjes cristianos se retiran al
desierto no para huir del mundo, sino para luchar contra los demonios, cuya
morada favorita es justamente el desierto, como dice la Escritura.
-La desaparición paulatina de los exorcismos
favoreció las persecuciones de la Inquisición, la cual, de hecho, apenas
existió allí donde continuaron practicándose los exorcismos, por ejemplo, en
Irlanda o en España. Al caer en desuso el exorcismo, se tiende a demonizar a
las personas, pues su mal se considera incurable y un peligro mortal para la
sociedad.
-Es claro que en esta época de dualismos y de
maniqueísmos, semejante labor es apremiante. Hay que ser consciente de los
peligros que comporta la polarización radical de una nación en dos partidos o
bandos, o incluso la polarización del mundo en dos bloques.
De otro modo, la lucha adquirirá tintes
absolutamente trágicos y habrá peligro de confundir los poseídos o esclavizados
con los demonios mismos.
Hay que luchar primero y siempre contra el
«sembrador de la cizaña» y aplicar los criterios para identificarla. De otro
modo habrá riesgo de confusión entre el trigo y la cizaña, con la consiguiente
destrucción del primero.
-Recuperar la dimensión liberadora o
exorcizadora de la oración.
-Por último, descubrir y aplicar la función
liberadora o exorcizadora del pensar, en su radicalidad debeladora de ídolos.
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