NOTAS AUTOBIOGRÁFICAS SOBRE LA DIVINA PRESENCIA
17 de nov. de 2006
La presencia divina bajo la forma de
compasión universal inducida. Como acicate en la lucha contra los ídolos
«culturales». Como sufrimiento por la insensatez humana. Expresada en el
silencio mental y en la mudez ante la existencia. En el conocimiento de la
propia inanidad y en la misericordia que nos levanta de la postración.
La presencia divina en la naturaleza, en la
maravilla de la vegetación, en el esplendor de las flores, en el majestuoso
silencio con que nos obsequia.
La recepción de la Eucaristía casi siempre
constituyó un momento privilegiado. De todos modos, el proceso de
racionalización o de vaciamiento de los símbolos y la falta de aprecio de la
liturgia me llevaron con frecuencia a una excesiva intelectualización de las
realidades espirituales.
Como contrapunto, la Pasión según san Mateo
(especialmente el «Erbarme dich…» que sigue a la negación de Pedro) de Juan
Sebastián Bach siempre fue para mí otra forma de «liturgia», musical,
más conforme con mi temperamento, que se siente más concernido por el número y
el sonido que por la imagen.
Otras piezas musicales igualmente apreciadas: el
Requiem de W.A.Mozart, el Magnificat de Bach, sin
olvidar su Misa en Si menor (sobre todo, el «Kyrie») , o las sinfonías
5ª, 6ª, 7ª y 9ª de Beethoven, el «Concierto para violín y orquesta Opus
64 de Mendelsohn o ciertos fragmentos de Parsifal, Lohengrin
y otras obras de Wagner.
¿En qué ocasiones existenciales se me ha hecho
presente Dios? Con motivo de la muerte de seres queridos o respetados y en
momentos en que determinadas situaciones nos rebasan.
Es verdad que dicha presencia quedaba a veces
oscurecida por la interferencia del «ego»: el deseo de identificar mi
subjetividad profunda con Dios tenía dos vertientes: una positiva, la
aspiración a hacer mía la voluntad de Dios; otra, negativa, el riesgo de endiosamiento.
Por eso las situaciones de frustración, de
debilidad, en las que la existencia se presenta como «un campo sembrado de
minas» siempre fueron para mí el lugar de la presencia misericordiosa de Dios.
Como también la combinación increíble de
circunstancias que, a veces, han empujado mi vida en la dirección conveniente.
En terrenos en los que mi experiencia vital era escasa, una intervención
providencial me lo daba «todo hecho», por así decirlo.
¡Cuántos libros, maestros, encuentros
providenciales!¡Cuántos peligros conjurados gracias a la protección de lo Alto,
pedida en mis oraciones u ofrecida en respuesta a las plegarias de no sé qué
«tutores celestes»!
Presencia de Dios allí donde el aliento del mal
deviene asfixiante: La virtud se perfecciona en la debilidad, decía san
Pablo.
Presencia de Dios que tantas veces me ayudó a
superar la falta de entendimiento con el entorno.
Ayuda en los momentos en que el rencor o la
violencia interior pugnan por enseñorearse del alma. Presencia divina
providente que le impulsa a uno a perdonar allí donde más cuesta, en asuntos
que tienen que ver con la marginación a que el establishment nos somete
a causa de las propias creencias.
Presencia divina en la liturgia de las Horas y
en la expectación con que se vive el Adviento en las últimas tardes otoñales.
Presencia de Dios en mi mujer, en la claridad de
sus criterios y en su dedicación a quienes le rodean: uno de tantos dones
inmerecidos que el Señor me ha otorgado.
Presencia divina en la mesura del criterio
cristiano, cuyo interminable aprendizaje no sería posible sin la paciencia que
Él nos otorga, Él que es la Paciencia infinita que sostiene los mundos.
Presencia de Dios en el dominio de las pasiones
y de las emociones negativas.
Presencia que ayuda a superar obstáculos tan
difíciles como el intelectualismo, el gnosticismo, el individualismo en la vida
espiritual…
COMENTARIOS
1. nadie importante
Muy buenas. Hoy, tal vez colocado
también por la presencia divina a la aludes, por casualidad te he encontrado y
te he leído.
Gracias por tus palabras. Creo que
no es necesario explicar nada. Solamente decirte que me han ayudado.
Recibe un cariñoso saludo de mi
parte.
2.
emilio
Gracias por tu comentario. Y
gracias, sobre todo, a Quien está en el origen de mi (o, mejor, nuestra)
experiencia.
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