«DE SINGULIS NON EST SCIENTIA» («NO HAY CIENCIA DE LOS SINGULARES»)

 12 de nov. de 2006

Insiste santo Tomás de Aquino en que «no hay ciencia de los singulares», es decir, de las realidades individuales como tales. Por tanto, no hay ninguna ciencia que pueda ocuparse de «Juan» en lo que tiene de absolutamente individual. Sí en lo que tiene de hombre, de europeo, de español, de mamífero, etc.

¿Existe algún modo de captar la realidad individual? Sí, mediante una intuición, cuya intensidad variará según la jerarquía del individuo en el plano del ser.

Aquí puede servirnos de ilustración la comparación de los individuos con los números primos, que son en número indefinido:

a) En primer lugar, hay muchos tipos de intuición, tantas como números primos.

b) Todas han de partir de la definición de número primo: «El que solo es divisible por sí mismo y por la unidad».

c) Por tanto, es la unidad la que les confiere su carácter «plural»; en cambio, ella es absolutamente singular y única.

d) Al igual que los primos, los individuos son como los singulares penúltimos del mundo, él mismo constituido por la suma de todos ellos.

e) Pero, puesto que hay muchos mundos (material, anímico, espiritual…etc.), debemos retrotraernos a la Unidad Originaria, que está más allá de la pluralidad de los mundos y que es autosuficiente.

f) El adagio en cuestión, «No hay ciencia de los singulares» se aplicaría a fortiori a la Unidad Divina, la cual solo puede ser conocida en sus efectos o en su acción, a saber, como Causa Primera, Motor Inmóvil, etc. de toda realidad «secundaria».

g) Evidentemente, ni la razón ni la intuición nos permiten «deducir» la Trinidad Divina.

h) Es curioso constatar que, en hebreo, la palabra «ejad» («uno», «único»), vale 13, número en el que «intuimos» de alguna manera la unidad y la trinidad; ahora bien, no llegamos a él por la razón, sino haciendo cálculos a partir de la clave numérica expuesta en otro lugar y que, según Bardet, acompaña implícitamente al texto bíblico.

 

 

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