CLONACIÓN: A PROPÓSITO DEL PECADO ORIGINAL Y SU TRANSMISIÓN EN EL «COMENTARIO A LA EPÍSTOLA A LOS ROMANOS» DE SANTO TOMÁS DE AQUINO

16 de oct. de 2006

Santo Tomás insiste en la índole corpórea de la transmisión del pecado original: ha de ser por generación, para lo cual se requieren un varón y una mujer. Caso de no intervenir uno de los dos, el pecado no se transmite.

En efecto, Adán no nació con el pecado original, pues fue formado directamente por Dios. Tampoco Eva nació con él, ya que no tuvo madre, si no que fue sacada de Adán. Ni tampoco Cristo, que no tuvo padre terreno.

En cuanto a la Virgen, constituye un caso especial, ya que, a pesar de tener padre y madre, no contrajo el pecado original. ¿Por qué? En vista de los méritos de Cristo, que había de nacer de ella.

Según Tomás de Aquino, el Bautismo borra el pecado original en el espíritu, cuya «muerte eterna» (apartamiento definitivo de Dios) evita. No evita, en cambio, la muerte del cuerpo. Pues el espíritu, a fuer de simple, es indestructible; el cuerpo, en cambio, como compuesto que es, puede descomponerse.

Otra observación notable de santo Tomás: el espíritu asume los defectos y taras del cuerpo, que está en disposición de recibir al espíritu. Por eso los padres transmiten al hijo no solo el pecado original, sino también las inclinaciones buenas o malas del temperamento, pues la unión entre cuerpo y espíritu es muy estrecha.

Añadiremos que aquí tiene mucho que decir la astrología: el examen de los temas astrales de los progenitores nos da mucha información útil para entender el del hijo. Por supuesto, sin caer en ningún tipo de determinismo.

Una cuestión relevante: supuesta la clonación de un cuerpo humano, ¿adquiriría el clónico el pecado original? Es verdad que el clónico carece de progenitores, pero al ser una replicación del cuerpo original, alguien podría sostener que contraerá el mismo pecado que aquél contrajo al nacer.

Sin embargo, ello implicaría la puesta en cuestión de la unicidad de la persona, que entonces se transformaría en una multiplicidad indefinida de personas, tantas como individuos clonados.

Todo ello en la hipótesis de que el clónico sea realmente humano, pues no sabemos si en ese caso está la «materia» dispuesta para la recepción del espíritu, para utilizar la terminología tomista.

En efecto, parece lógico pensar que el espíritu asuma el embrión como germen que es el del cuerpo, no cualquier célula del cuerpo, que, al fin y al cabo, es derivada.



COMENTARIOS

1. Ángel Hurtado

18 de ene. de 2010

Hola Emilio.

Me gustaría que aclarases un poco el asunto del bautismo y la trasmisión del pecado original. He leído en el artículo sobre la clonación y la trasmisión, que el bautismo borra el pecado original en el espíritu, ¿eso quiere decir que no lo borra del resto de nuestra naturaleza?, porque puede ser un poco complicado entender y explicar que unos padres bautizados trasmitan el pecado original.

Un abrazo.

Ángel

18 de ene. de 2010

Gracias, Ángel. La respuesta a tu pregunta va a ser rápida, pues estaba trabajando en el ordenador y he oído la llegada del correo.

Evidentemente, el efecto del pecado sobre el espíritu no es el mismo que sobre el cuerpo: el primero es simple y, por tanto, el pecado lo aparta de Dios de modo irremediable, aunque no lo destruya; el segundo es compuesto, de manera que el alejamiento de Dios comporta un debilitamiento de la unidad de los elementos que lo componen y, finalmente, la muerte. Más todavía, el pecado original tiene como efecto la disociación espíritu/cuerpo, cuya culminación es la muerte. Si Dios nos ha dado un determinado intervalo de prueba como es la vida, la muerte lo define y limita. ¿Por qué? Porque el Señor mandó al «querubín de la espada llameante» que nos impidiera el acceso al «árbol de la vida», teóricamente posible tras el pecado de nuestros primeros padres.

Y así, si el pecado lleva consigo la muerte, el Bautismo en el «segundo Adán» comporta normalmente un enderezamiento no instantáneo de la situación(1). De ahí que los teólogos plantearan la doctrina (no dogmática) del Limbo, justamente para los niños que morían sin recibir el Bautismo (hoy sabemos que el proceso es más complicado y que hay que incluir a esos niños en la comunión de los santos, etc.).

(1) Por supuesto, si un niño recién nacido o un feto muere un segundo después de ser bautizado, el proceso de renacimiento se percibe inmediatamente: su espíritu va al cielo y su cuerpo queda en ese instante «dispuesto para la resurrección final», sin necesidad de tener que pasar toda una vida de «trabajos» como los demás mortales.

18 de ene. de 2010

(Continuación) Se me olvidaba decir que la muerte, tal como la conocemos, no siempre tiene por qué intervenir. Es lo que se deduce de las palabras de san Pablo: cuando venga el Señor Jesús a juzgar a los vivos («Nota bene», que dirían los latinos) y a los muertos,» al sonido de la trompeta del arcángel, todos seremos transformados» (también los vivos, que pasarán instantáneamente al mundo de la resurrección).

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