PENSAMIENTOS: «STULTORUM INFINITUS EST NUMERUS»
1 de oct. de 2006
Hace tiempo un autor norteamericano cuyo nombre
no recuerdo dijo que el exceso de publicaciones
viene a tener el mismo efecto que la falta de ellas. Y hoy puede aplicarse esto
no solo a la «galaxia Gutenberg», sino también a la «galaxia Internet».
Torrentes e información. ¡Falta lo principal: leerla!
Pero, dejando a un lado las dificultades de
orden físico, ¿cómo esperar que la gente adquiera el hábito de leer en una
sociedad como la nuestra, dominada por una cierta mentalidad moderna que se
basa precisamente en el rechazo de toda autoridad y de toda tradición? Una
situación que desembocó rápidamente en la «entropía espiritual», en el colapso
espiritual por igualación de nivel entre los «vasos comunicantes».
En todas las épocas hubo maestros y discípulos,
o sea, vasos de distinto nivel entre los que circulaba la corriente. Si se
interrumpió, ¿fue porque los maestros ya no tenían nada que enseñar, o porque
los discípulos se arrogaron prematuramente la condición de maestros?
Si el discípulo usurpa la categoría de maestro
demuestra que su ignorancia se ha vuelto necedad.
Y si el maestro no tuvo ya nada que enseñar,
quizá fue porque pensó que nada le quedaba por aprender: otra manera de
enmascarar neciamente su ignorancia.
«Ni los diez mil sabios (o sea, todos los sabios
del mundo) podrían contestar a todas las preguntas de un solo necio», dice un
proverbio chino.
Un tema que nos llevaría muy lejos…Por ejemplo,
habría que rememorar las graciosas descripciones que hace Quevedo de los
distintos tipos de necedad o las hondas reflexiones de santo Tomás de Aquino,
esparcidas aquí y allá, sobre el particular.
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