LAS NOTICIAS Y LA NOTICIA (4): BENEDICTO XVI EN ESPAÑA

10 de jul. de 2006

Mucho se ha escrito estos días sobre la visita del Papa a Valencia y con ocasión del V Encuentro Mundial de las Familias.

Como estamos en la España de la «nueva transición» («Ciudadanos y ciudadanas: estamos al borde del precipicio, ¡hay que dar un paso adelante!»), apenas es necesario elevarse sobre los hechos nudos y concretos para obtener una visión correcta de la Historia.

El «periodista», a poco que el ritmo implacable de los acontecimientos le deje un resquicio para la reflexión, puede llegar a idéntica conclusión que «Kierkegaard»: nuestro país, «cobaya» en más de una ocasión del laboratorio de la Historia (véase, por ejemplo, la Guerra Civil como preludio y ensayo de la Segunda Guerra Mundial), se dispone nuevamente a sufrir su papel.

¿Qué se está ensayando ahora en la «Piel de Toro»? Durante la transición subsiguiente al Régimen de Franco, se había logrado poner sordina al enfrentamiento de las «dos Españas», para emplear una terminología cómoda. En efecto, hablar de «España y su sombra» aportaría, por un lado, alguna comprensión, pero complicaría un tanto las cosas (no queremos entrar ahora en los recovecos del universo jungiano).

Lo cierto es que las «dos Españas» habían relegado al desván sus viejos fantasmas y querían olvidar el atinado proverbio: «Los españoles siempre van detrás de la Iglesia: unas veces con velas, otras con estacas».

El apasionamiento del pueblo español, tan bien reflejado aquí, parecía en vías de superación. Sin embargo, alguien ha decidido abrir nuevo «el pozo de las serpientes».

Es cierto que, en el ínterin, Europa se ha «españolizado» en el mal sentido, a saber, en el de avergonzarse de sus orígenes cristianos y reivindicar frente a la Iglesia un laicismo fuera de lugar.

De manera que ya podemos intuir de qué estamos siendo cobayas. No simplemente de la puesta en cuestión del proyecto de convivencia surgido de la Constitución de 1978.

Ni únicamente de la operación que trata de invertir los valores cristianos que conformaron nuestra individualidad como nación.

Somos las cobayas de un plan europeo y mundial para erradicar el cristianismo, si es posible mediante un «lavado de cerebro» mediático y educativo.

En este escenario, la visita de Benedicto XVI adquiere un gran valor simbólico: aquí en el territorio de lo que pronto dejará de ser España, se inicia una gran batalla espiritual (aunque no la última) entre quienes seguimos a Dios y a su Cristo y las «huestes del Dragón».

Por consiguiente, lo que está en curso no es una lucha política, sino un conflicto espiritual. Quienes en el pasado otearon o vislumbraron el «temporal», se asombraron y asustaron ante la magnitud de los acontecimientos que se cernía sobre la humanidad.

Nosotros, especialmente los que servimos de cobayas, lo tenemos encima y a veces damos la sensación de estar paralizados cual pajarillo ante la mirada de la serpiente.

Despertemos de una vez, no perdamos la esperanza, pues, continuando con el simbolismo, en la profecía de san Malaquías se asigna a Benedicto XVI el lema «De gloria olivae», «De la gloria del olivo».

Curiosamente, a los benedictinos se les llama también los «olivetanos».

Pero no hay que olvidar que el «Olivo» por antonomasia es el pueblo de Israel y, por extensión, la Iglesia, que, al decir de san Pablo, fue injertada en aquél cual acebuche u olivo silvestre, no en vano se la llama el «nuevo Israel».

Decía el gran Joseph de Maistre que «todo lo que comienza atacando a la Iglesia, concluye glorificándola».

A los ojos humanos, en la batalla espiritual que se está librando, el Olivo parece David, y quienes le hostigan, el gigante Goliath, que en buena lógica, debería ganar la batalla.

Pero no se fíen de las apariencias: me da en la nariz que los próximos cinco años van a ser decisivos…¿Y si no saliera bien el experimento con la cobaya?

 

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