LA CAÍDA DE LOS «DIOSES» O ¡CUÁNTOS «TITANIC»!
En su libro «De las cosas que estaban ocultas
desde la fundación del mundo», René Girard observa cómo en nuestra época se
abrevia el plazo entre el pecado y el castigo, entre la culpa y la expiación.
¿A qué es debida semejante abreviación? El autor
la atribuye al carácter terminal de nuestro tiempo, que, sin ánimo de asustar a
nadie, pero también sin miedo a equivocarnos, podemos calificar de «apocalíptico».
¿Por qué ocurren así las cosas? La respuesta es
la siguiente: si en la vida del individuo, la acumulación de actos crea
hábitos, la suma de hábitos plasma un carácter, y éste, a su vez, culmina en un
destino, lo mismo ocurre en la historia de la humanidad: en su fase avanzada,
apocalíptica, el destino persigue muy de cerca al carácter. Pues apocalipsis no
es otra cosa que revelación final.
Sistemas políticos que se pretendían milenarios,
como el nacional-socialismo alemán o el comunismo soviético, verdaderas
fortalezas «cuya sombra-parafraseando a C.S.Lewis-parecía interminable»,
cayeron estruendosamente.
A menor escala, ha habido muchos regímenes,
movimientos y partidos políticos, que, embriagados de poder e «incensados» por
sus seguidores y aduladores, perdieron el contacto con la realidad y se
derrumbaron.
Ya en la simbólica universal se habla de
episodios como la rebelión de los Titanes contra Zeus y su posterior castigo,
del proyecto de edificación de la «Torre de Babel» y de cómo fue impedido por
la «confusión de las lenguas» («Torres más altas cayeron», dice el refrán, que
habla también de «caer del caballo» o, en tono menor, de «caer del burro»).
Se hace alusión asimismo al «rayo de Varuna» o
de Zeus, que inmoviliza o destruye a sus enemigos, a los promotores de toda
titánica empresa. Y, en la Biblia, el ángel que pretendió elevarse sobre los
cielos fue precipitado en el abismo.
Por eso dice el Salmo: «…ojos engreídos,
corazones arrogantes no los soportaré». Más aún, está escrito que «todo monte será
allanado». Y que hasta las «virtudes», los fundamentos mismos de los cielos,
«se conmoverán».
Con razón los antiguos crearon la figura del bufón u otras similares, cuya
misión era decirle al poderoso: «Recuerda que no eres ningún dios; solo eres un
hombre».
Si «el pez empieza a pudrirse por la cabeza», es
claro que el fin de tantas ideologías hoy «vanguardistas» y, a la postre,
deshumanizadoras y, por tanto, embusteras («progresismo», «sociedad del
simulacro», «nueva era» …), está próximo. No habrá que esperar décadas. Se
derrumbarán por sí mismas, cual fichas de dominó.
Quienes en este tiempo conservan la lucidez, con
frecuencia se desesperan ante la marcha aparentemente boyante de esos «tigres
de papel» (nunca mejor utilizada la expresión, hoy que se fundamentan sobre
todo en gigantescos poderes mediáticos).
Tengan un poco de paciencia y consuélense
pensando que, a mayor arrogancia, más duro desplome. Y tanto más pronto se
vendrán abajo cuanto más frontalmente se opongan a los valores sobre los que se
funda la entera existencia.
COMENTARIOS
José Luis Samper Martínez
1 de jun. de 2006
Pienso que la columna vertebral de
toda sociedad es la justicia, que tiene como basamento la verdad. Todos esos
movimientos que han renunciado a esas ideas, en cuyo lugar han colocados
conceptos construidos, fabricados, más o menos artificialmente, están llamados
a desaparecer. Nuestro trabajo está en mantener vivas esas ideas y sembrarlas
para cuando se produzca el derrumbe. Y que la interpretación de la situación
actual se haga a la luz de la tradición y no de la que puede proporcionar la
sociología, la política o cualquier otra ciencia humana puede ayudar a ese
mantenimiento.
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