FALSOS PROFETAS

 

31 de may. de 2006

Una característica del siglo XX y que empieza a repetirse a principios del XXI: algunos líderes políticos se presentan como «ídolos», pretendiendo convertir un ámbito sujeto a discusión en un campo de «creencias» que vienen a ser sucedáneos o caricaturas de la fe cristiana.

A diferencia de los votantes creyentes, que suelen distinguir bien entre el culto debido a Dios y el respeto que debe profesarse a los gobernantes, los votantes no creyentes mitifican y deifican a sus líderes, hasta el punto de no distinguir entre política y religión.

Surge así un enfrentamiento entre los votantes «conservadores», que apoyan a sus líderes a sabiendas de que solo son seres humanos, y los «izquierdistas», que profesan una «fe» en sus dirigentes que considera innecesario cualquier tipo de programa electoral riguroso.

Es verdad que no todos los votantes «izquierdistas» son así. Pero, en la medida en que disminuye la racionalidad de su opción política, van a engrosar las filas de quienes han convertido la «anti-fé» en brújula de su existencia y, ayunos de todo programa político riguroso, se limitan a sostener lo contrario de cuanto aparece en el programa de los «conservadores».



Comentarios 

José Luis:

31 de may. de 2006

Entre creencias y opciones ciegas hay un trecho, aunque el subjetivismo ande de por medio. En términos de racionalidad, si ésta no existe o es muy reducida, aparecen los radicalismos, sean del signo político que sean. Hay dogmatismos a ambos lados de la política en los que apenas hay cabida para el análisis racional serio. Ahí es donde encuentran los falsos profetas su terreno abonado: en la carencia de un mínimo de racionalidad. Ahí aparecen los iluminados. Y la visceralidad.

Por decir algo más comprometido y más de pisar el suelo: me da la impresión de que en términos de derecha y de izquierda, la irracionalidad y la idolatría están presentes en los movimientos de extrema derecha y en buena parte de la izquierda, extrema incluida, desde luego. Por lo general, la derecha de hoy día, «centrista» o si se quiere desideologizada, está lejos de la idolatría. Por mucho que se empeñe nadie.

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