DE LA PERFECCIÓN DEL NÚMERO SENARIO (San Agustín)

20 de sep. de 2006

«Y éstas (las obras divinas de la creación) por la perfección del número senario, repitiendo un mismo día seis veces, se refiere que se concluyó su creación en seis días, no porque Dios tuviese necesidad de tanto espacio de tiempo, o porque no pudo criar juntamente todas las cosas, y que después ellas mismas con sus acomodados movimientos hicieron los tiempos, sino porque nos significó por el número senario la perfección y consumación de sus obras.

Pues el número senario es el primero que se completa con sus partes; esto es, con su sexta parte, con la tercera y con la media, que son una, dos y tres, sumadas, hacen seis (Es decir: 6 es el primero de los números perfectos, así llamados porque igualan a la suma de sus divisores; en efecto, dicho número tiene por divisores a 1,2 y 3; ahora bien, 6=1+2+3. La nota es nuestra)…

Porque, supongamos, verbigracia, el número nueve, en el cual el cuarto es una parte suya, pero no por eso podemos decir qué parte de cantidad sea; uno bien puede caberle, porque es su nona parte, y tres también, porque es su tercera; pero unidas estas dos partes suyas, es, a saber, la nona y la tercera, esto es, una y tres, distan mucho de toda la suma, que es nueve (O sea:9>1+3)…

Y sumadas las partes del número duodenario, trascienden y suben a más, porque contiene la duodécima, que es una; tiene la sexta, que son dos; tiene también la cuarta, que son tres; tiene la tercera, que son cuatro; tiene la mitad, que son seis; pero una, dos, tres, cuatro y seis hacen, no doce, sino mucho más, porque vienen a ser dieciséis (De manera que 12<1+2+3+4+6.Por tanto, 9 es un número deficiente, mientras que 12 es abundante. Me ha parecido conducente decir esto en compendio para recomendar la perfección del número senario, que es el primero, como dije, que se viene a formar él mismo de sus partes unidas y sumadas, en el cual finalizó Dios las maravillosas obras de su creación.

Por lo cual no puede despreciarse la razón del número; y cuánto debe estimarse, lo advertirán en muchos lugares de la Sagrada Escritura los que con exactitud y escrupulosidad lo consideraren; pues no sin grave fundamento se dice entre las divinas alabanzas: «Todo lo ordenaste, Señor, y dispusiste con medida, número y peso» (La Ciudad de Dios, México, 1990, Porrúa, S.A., 262-263).

 

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