CULTO A LA APARIENCIA

30 DE MAYO 2006 

Desde que el ser humano comenzó a pensar, «ser» y «parecer» fueron siempre conceptos correlativos, aunque no fáciles de ensamblar. Lo vemos en la filosofía griega, que, buscando la «esencia» más allá de la «apariencia», elaboró la noción de «naturaleza», que tendía un puente entre ambas. O en las doctrinas hindúes, que pugnaron por traspasar el «velo de Mâyâ», el plano de las apariencias, para descubrir la «Verdadera Realidad». O en tantos otros sistemas y filosofías. Es en nuestra época cuando por primera vez se tiende masivamente a identificar el ser con el parecer, en lugar de impulsar a éste a asemejarse a aquél. No en vano los Puranas aluden a que en la «Edad Oscura», el criterio para valorar al ser humano no será la sabiduría, ni la bondad, ni el linaje, sino únicamente la apariencia. ¿En qué se traduce la nueva mentalidad? Puesto que los humanos, al descentrarse, han perdido su ser, todo queda reducido a las apariencias. Es verdad que el lenguaje todavía conserva las huellas del ser, pues los imperativos, los mandatos, los consejos y las exhortaciones han de basarse forzosamente en un «deber ser». Pero se les ha vaciado de contenido. Así, se dice todavía: «Sé tú mismo», «demuestra tu personalidad», «no te conformes con cualquier cosa». Pero, en la sociedad masificada, las pautas morales han perdido vigencia hasta tal punto que la apariencia o el sucedáneo es lo único que cuenta. En cuanto a las instancias morales, ¡para qué hablar! Si en el pasado tuvieron relevancia la Iglesia, la Universidad o la Cultura, en la actualidad solo tienen autoridad los medios de comunicación de masas, especialmente la televisión (¡palabra de dios!). Solo interesa lo que puede ser «paladeado» por las masas, de manera que la publicidad orienta los gustos de la gente hacia el patrón estético elaborado por «mandarines» y demagogos cuyo única finalidad es conseguir la máxima «cuota de pantalla». ¿Y cómo «se es uno mismo» o «se afirma la propia personalidad», en qué consiste «no conformarse con cualquier cosa»? Todos conocemos el principio de los vasos comunicantes y cómo las cosas tienden a nivelarse a la baja. Por eso, en la sociedad mediática, que es la del espectáculo, la de la apariencia, «tener personalidad», «ser uno mismo» o «no conformarse con cualquiere cosa» consiste, por ejemplo, en vestir «ropa de marca», fumar los mejores cigarrillos (eso sí, sabiendo que son «un serio peligro para la salud»), viajar a las Cancumbas o a las Chimbambas (a fuerza de viajes organizados y programados, se ha conseguido viajar sin moverse del sitio, convertir al viajero de otro tiempo en mero turista), mantenerse tan delgado como la «Gran Famélica de la Pasarela», leer el más reciente bodrio recomendado en la sección «cultural» del periódico de más tirada, comer y beber cual sibarita y «folgar tras todo seto». Mientras tanto, una tristeza invencible planea sobre la sociedad de la apariencia, poniendo de manifiesto la degradación del ser de una civilización que, a velocidad creciente, se dirige hacia su autodestrucción. Y menos mal que queda la tristeza, que puede hacer despertar a alguien. Peor sería la euforia: «Embriagados, irán como ovejas al matadero».



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